Ay de mi!
Antaño pensaba.
Ay ay ay!

Y quiero estar ahí,
ahí en armonía junto a ti,
ahí enamorado más que ná.
Anhelo yo la sinrazón
para no ser presa de ti.
Madrugá en Quéntar,
qué más se puede pedir.
Sólo una cosa más:
Madrugá con compaña,
con tu compañía, eso sí.
No me dejes ahora qué
estoy abriéndote mi corazón.
No permitas que haya otra madrugá,

en silencio y quietud,
que me embargue la soledad,
la desidia y la acritud.
Pues, si no puedo pasar una madrugá junto a ti,
la locura volverá.
Y, entonces sí, todo me dará igual.
Igual ¿por qué?
Piensa corazón que
todo aquello que se siente
al poder estar junto a ti
no se soportaría si no pensara así.
Te describo la madrugá,
la madrugá que yo quiero junto a ti.
Imagínate sentada junto a mi,
en el castillo de “Boabdil”.
Allí, en sus almenas, divisando:
Quéntar, sus montañas, el río Aguas Blancas,
y la luna como un candil.
El silencio se apodera y nos produce gran placer,
al cerrar los ojos, y al escuchar y respirar,

¡Escucha y huele!
Esto es Quéntar,
mi compaña si la quieres,
y un poquito de tu miel.
Dime tú ahora, si te gusta
esta idílica madrugá,
pues yo no la cambio, por ná.
Imaginemos esos olores,
tan suaves,
que sólo Quéntar y Tú podéis dar,
y los sonidos tan dispares de esta naturaleza quebrá.
Sólo te pido tu susurro,
que no quieras despertar,
pues el mío lo conoces,
qué más te voy a contar!
P.F.N
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