Bienvenidos al blog de la Unidad de Rehabilitación de Salud Mental de Granada

Esperamos que este blog sea una herramienta útil para todos los compañeros y usuarios de la URA de Granada y para el colectivo de salud mental en general.

martes, 8 de octubre de 2019

Rotación por la URSM


20191003_085749.jpgEn las aulas de medicina, el cerebro es un ordenador. Sus cables de neuronas cruzan de este a oeste y de norte a sur. Un atlas único para todas las almas de este planeta: estándar, predecible. Surcado por unas moléculas (llamadas neurotransmisores) que, como niños obedientes, circulan en fila india de uno a otro recoveco, de tal circunvolución a esta otra.  
 La palabra enfermedad quiere decir falto de firmeza. La enfermedad mental, piensan muchos médicos, es una arruga en el mapa, un seísmo que hace tambalear la integridad de las autopistas químicas que con tanto empeño han (hemos) estudiado. A grandes males, grandes remedios y a problemas químicos, remedios parejos.  Así, a golpe de libro y catedrático, con un arsenal de contrapesos farmacológicos bajo el brazo, salimos de la facultad para entrar en acción.
Llego a la URA un lunes por la mañana. Un corazón de tiza en el suelo corona el portón metálico de la entrada. El primer impulso es dar media vuelta: “Te has equivocado. Esto no es un hospital”. Estaba lejos de imaginar que “las apariencias engañan” sería el motto de las próximas dos semanas.
Durante esta quincena he practicado yoga en vaqueros, constatado que sigo desafinando, devorado periódicos y coqueteado con Morfeo durante las sesiones de meditación. Poco a poco los diagnósticos y las pastillas han ido dando paso a caras, personas, amigos. He tenido conversaciones increíbles, escuchado música nueva y descubierto que el cine es el más afilado bisturí de la realidad.  Soy una privilegiada. He tenido la suerte de poder cambiar las habitaciones sin ventanas de cualquier consulta por la gran familia que es la URA, de cambiar la instantánea por una cinta, lo patológico por lo holístico.  
Sin embargo, cuando la burbuja estalla me pilla desprevenida. “Pero bueno, ¿qué has hecho de medicina de verdad?” fue lo que obtuve tras contar a unos amigos a qué había estado dedicando las mañanas. Repaso mentalmente los objetivos de mi lista de prácticas. No cumplo ninguno. Ojeo la libreta que había estado llevando a todas partes. Solo tengo apuntados vuestros nombres.
Las apariencias engañan. El dolor se disfraza de carnaval, el humor se esconde en la casualidad, la belleza se agacha bajo la cotidianidad y los cuidados (¿qué es sino la salud?) se guarecen bajo la fachada de un gesto amable, un silencio elocuente, un voto de confianza. 
Dicen que cuando Benjamin Franklin navegaba destino a Francia con misión diplomática se quitó la peluca y la arrojó al mar. Se dirigía a la pomposa corte de Versalles con el fin de recabar apoyos para el recién nacido país: Estados Unidos. Lo hizo a plena vista, para que todos lo vieran. Fue toda una declaración de intenciones: las pelucas eran símbolo de estatus y renombre. Pretendía así eliminar barreras, salvar las distancias. Franklin soñaba con una nación en la que todos los hombres fueran libres e iguales.
La enfermedad  mental no es una peluca. El estigma que la acompaña sí lo es.  Reformulemos las etiquetas en historias, abandonemos el paternalismo y establezcamos el diálogo, tan necesario, entre el otro y yo. Pronto, solo quedará el “nosotros”.
C.U

martes, 1 de octubre de 2019

El Pianista

Resultado de imagen de el pianista actorHola, un buen amigo me ha regalado un libro que él ya había leído. Se acordó de mí y un día dando un paseo me  lo recomendó, incluso me atribuyo cierta semejanza con el protagonista. La película ya la había visto hace unos años, pues tanta buena crítica tenía y había oído hablar tanto de ella que me descargue una versión pirata bastante aceptable. Mi intención hubiera sido haber leído; pero bueno nunca es tarde y seguro que me sorprende.

El título es El Pianista del Gueto de Varsovia. 
La historia es escrita por el protagonista, de lo que vio y vivió. 
En época de los nazis al inicio de la 2ª Guerra Mundial, Alemania invade Polonia. 
Allí, en una emisora de radio trabaja un pianista polaco, es judío. 
Sufrió, como todos los judíos y como todos aquellos que no comulgaban con la doctrina fascista, la persecución y exterminio de parte de los nazis. 

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Relata su experiencia sin juzgar a nadie, todo cuanto le pasó y supo. 
Eran malos tiempos y es la dura historia de uno de los pocos supervivientes al holocausto. Dos millones y medio fueron exterminados por métodos que todos bien conocemos.  
Esta persona vivía con su familia, era muy lindo de forma de ser, buen amigo. 
Gracias a su intuición, suerte, la fuerza o el instinto de trabajar para sobrevivir, anteponiéndose a la durísima realidad, como pudo, y también a la ayuda de sus amigos que le salvaron muchas veces la vida, pudo contarlo. 

Resultado de imagen de el pianista del gueto de varsoviaCuenta desde las primeras bombas en Varsovia, la ocupación nazi. Los decretos sumarísimos a judíos, el traslado forzoso al gueto, construcción de muros muy limitadores. La búsqueda de trabajo como pianista, relatando la vida allí y la forma de sobrevivir, en penosas condiciones como esclavos. Narra la salida del gueto y huida en diferentes pisos, escondido sin hacer ruido para no ser descubierto, recibiendo por parte de sus cuidadores comida y su búsqueda cuando no había. Era una situación de estrés y miedo inquietante pues la Gestapo, policía nazi hacían batidas por todas las viviendas y si encontraban alguna familia que escondía algún sospechoso corrían igual suerte. 

Fue una dura historia de luchar por el futuro de los suyos y de él mismo. Con buen final para él, que pudo vivir para contarlo. Muchos supervivientes sufrieron trastornos psicológicas de por vida  debido a sus persecuciones, tratos inhumanos, etc. 
Mi amigo me aconseja que luche como él por mi futuro. 

I.V